Tallergrafica3’s Blog

November 27, 2008

Christian Busquier, un apasionado del cine y la literatura

Filed under: Protagonistas — tallergrafica3 @ 2:33 am

Christian Busquier es guionista de cine. Le apasiona también la escritura literaria y periodística. Fanático de la cinematografía de género como la aventura, el terror, la ciencia ficción y a su vez el folletín literario. Luego de dar clases en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica, aguarda con paciencia la realización de esta entrevista.

Por Lucía Nadal.

Nacido en Buenos Aires el 19 de enero de 1973, Christian mamó desde chico la cinefilia. Por motivos laborales de su padre, Buenos Aires, Rosario, Rio Gallegos y Paraguay fueron los lugares que lo vieron crecer. Recuerda con felicidad esa época: “Yo creo que mi vocación la encontré cuando yo estaba en segundo grado y mi papá un día de verano me llevó a ver a los cines del centro El Imperio Contraataca. Y partir de ahí tengo muchos recuerdos muy relacionados con el cine. Varias sesiones en las salas Los Ángeles con mis papás contándonos la películas que con mis hermanos capaz no terminábamos de entender porque éramos muy chiquitos o viendo peículas en mi casa donde nos leían los subtitulados. Y después cuando vivía en Rio Gallegos todos los domingos eran tardes enteras en las que veíamos películas desde western spaghetti hasta todo tipo de cine pero sobre todo mucho cine de género que es lo que me marcó más”.

Si bien primero estudió economía en la UBA “por una especie de designio paterno”, después por “predisposición natural”, como nos cuenta, terminó estudiando cine. Primero hizo la carrera de Realizador Integral de Cine y Televisión en el Centro de Investigación Cinematográfica (CIC) donde egresó en 1998. Después ingresó becado a la Escuela de Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC), donde hizo su especialización en guión y egresó en el 2002.

Entre sus primeros trabajos encontramos la crítica cinematográfica en una diario provincial. “A partir de los 14 años empecé a escribir para el único diario que en ese momento había en la provincia de Santa Cruz llamado la Opinión Austral. Si bien era un diario muy importante no tenía sección de espectáculos. Me presenté al editor y le dije que era una vergüenza que no tuviera esa sección. Y arranqué a escribir ahí por tres años en los que todos los jueves hacía crítica de cine y después cuando vino el auge de los videoclub hacía crítica de video. Al principio no me dejaban firmar los artículos, era algo que me lo tenía que ganar con el tiempo hasta que lo conseguí por constancia. Me acuerdo que venía Buenos Aires antes o después de las vacaciones familiares y estaba acá un mes un mes y medio con una inyección diaria de dos, tres películas. Con lo cual me llevaba un bagaje de cine importante. Y me permitía hacer critica de películas mucho antes que salieran en Río Gallegos” nos relata.

Durante esa época también tuvo la oportunidad de hacer tres programas de radio. En el primero querían que trasladara su columna semanal del diario a radio AM. Y fue lo hizo durante todo un año los domingos. A eso le agregó la sección de música donde comentaba y pasaba bandas de sonido de películas. “Dio la casualidad que uno de los operadores estaba montando su propia FM con lo cual como le gustó la selección de música que hacía, le gustó el tono de voz que tenía y me convocó para que haga lo mismo pero con un programa más amplio en FM. Era todos los sábados 2 horas durante 2 años. Además en el verano a veces hacía la suplencia de locutores” nos comenta.

Por esos años, “empezó mi ritual de ir al cine todos los jueves. Como sucedía en el interior las funciones eran dobles. Tipo 8 daban la primera que era de una calidad un poco inferior y después la proyección principal.”

“A partir de mi trabajo en el diario se me abrieron las puertas del que era el video club más importante de Rio Gallegos y terminé siendo el referente de las películas que el videoclub compraba” agrega.

Siempre le gustó escribir tanto desde el enfoque periodístico sobre cine, literatura e historietas que son los 3 géneros que más le interesan, como también hacer poesía y cuentos que escribía desde chico y además publicaba en diarios estudiantiles.

En febrero de 2004 terminó su primera novela, La Maratón, un relato claustrofóbico de terror y vampiros en el marco de una lluviosa y gótica Buenos Aires del siglo XXI. También hizo un libro por encargo para el Museo de Cine Pablo C. Ducros Hicken y editado por Ediciones La Crujía. “Escribimos Cine. Estudio sobre la discreta profesión de ser guionista” que recopila entrevistas a guionistas argentinos. En el medio gráfico hizo además, algunas colaboraciones como freelance para revistas de cine y literatura como Plan 9, Ossessione, Mabuse y Psyque Navegante.

“Cuando empecé con la carrera de cine automáticamente me decidí por guión. La parte técnica nunca me atrajo demasiado. Creo en un cine de especificidades. No creo en un productor que es director y escritor de su propio proyecto, es decir que haga todo. El cine es un trabajo en equipo. Y uno de los que forma parte del equipo es el guionista. Lo que tiene en particular esta escritura es que no está completa hasta la realización del film. Es una escritura en camino de ser otra cosa, es una escritura en función de algo más. Es el primer paso de varios pasos” sostiene.

“La escritura de El niño de barro – su primer guión que salió en la pantalla grande y con el que se recibió en su tesis – fue algo que me dio muchísima satisfacción. Fue proceso muy interesante poder trabajar en la realización del film, en las escrituras posteriores del guión original que había escrito”.

“Hablar de la historia de el petiso orejudo, Cayetano Santos Godino, me permite contar aspectos oscuros o pocos develados que tienen que ver con la naturaleza humana en particular y con la construcción de las sociedades en general. Trabajar sobre el arquetipo de la maldad permite, echar una mirada retrospectiva a lo que somos como sociedad. El policial permite hablar de temas que generalmente están vedados sobre la naturaleza del crimen que está ligada al deseo, a la pulsión y un lugar de placer” nos cuenta.

Christian es un persona que decididamente disfruta lo que hace: critica, literatura y cine. Como lo deja plasmado en su blog en su cabeza resuenan las palabras de Scorsese que dice: “Recuerdo que de niño me llevaban al cine y que mi primera sensación fue la de penetrar en un mundo mágico: la alfombra mullida, el olor de las palomitas de maíz frescas, la oscuridad, la sensación de seguridad, y sobre todo de estar en un santuario: todas estas cosas evocan en mi memoria una iglesia. Un mundo de sueños. Un lugar que provocaba y agrandaba nuestra imaginación. Justamente de eso se trata”

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“No quiero ir nada más que hasta el fondo”

Filed under: Protagonistas — tallergrafica3 @ 1:55 am

Alejandra Pizarnik, nombre que ella eligió tomar luego de su segunda publicación, nació en Buenos Aires el 29 de Abril de 1936, bajo el nombre de Flora. Sus padres, una pareja de judíos rusos, lograron inmigrar a la Argentina justo antes del holocausto.

 

            Desde su infancia, Alejandra se consideraba “fea e inadaptada”. Era tímida, tartamuda, de baja estatura, tenía problemas de acné y sobrepeso. Ante esta sumatoria de cosas, a los 15 años comenzó a fumar y a consumir anfetaminas para bajar de peso; aunque el consumo de esta droga fue prolongado durante sus años de estudio para evitar el sueño.

           

            Hizo el bachillerato en la Escuela Nº 7 de Avellaneda.

           

            En 1954 ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras y se convirtió en una representante típica de un sector exclusivo de la juventud intelectual porteña de los años 50. Fue dentro del contexto universitario, donde comenzó a estructurar su condición de “literata argentina de vanguardia”.

            En 1955 sacó su primer libro de poemas -financiado por su padre-, titulado “La tierra más ajena”.

            En 1956 publicó “La ultima inocencia” dedicado a León Ostrov, su analista de muchos años, y en 1958 “Las aventuras perdidas”, que lleva una ilustración de Paul Klee quien fue, junto a Hyeronimus Bosch, su pintor favorito.

            Entre 1960 y 1964 vivió en París, donde trabajó un año para la revista Cuadernos para la liberación de la cultura como correctora. También colaboró con numerosas revistas, americanas y europeas, de poesía y literatura.

            Su radicación en Francia le permitió conocer y entablar una amistad con André Pieyre de Mandiargues, Octavio Paz, Julio Cortázar y Rosa Chacel.

            En el año 1962 salió a la venta “El Árbol de Diana” (con prólogo de Octavio Paz).

            Lo bueno y lo malo de su estadía en la ciudad Parisina, se vio reflejado en las cartas que enviaba a su familia en esa época: “Yo ando mejor que nunca. Escribo, publico en las revistas de aquí, y  lamentablemente, trabajo en sitios infames para ganarme el duro pan de cada noche”.

            En 1964 regresó a Buenos Aires, puesto que su padre se encontraba mal de salud. Desde ese año en adelante, en fragmentos de su diario personal, comenzó a  advertirse su temor a la locura.

            En 1967 falleció su padre; y durante esos años Pizarnik publicó dos libros muy importantes para su carrera, “Los trabajos y las noches” y “Extracción de la piedra de locura”; convirtiéndose en acreedora de la beca Guggenheim y Fulbright.

            Entre 1968 y 1969 realizó un breve viaje a Nueva York y luego a París, adonde ansiaba volver; pero se decepcionó mucho al encontrar a París “desposeída de su antiguo encanto literario”, tal como ella misma lo manifestó.

            Al regresar a Buenos Aires, su depresión la llevó a publicar muy poco, aunque comenzó a trabajar en La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa.

            En 1971, Alejandra ingirió una sobredosis de barbitúricos, pero fue encontrada a tiempo y llevada a un hospital para hacerle un lavaje de estómago. Luego de este intento de suicidio, ante un proceso terapéutico diseñado por Pichon Rivière, pareció mejorar su situación. Sin embargo, ese mismo año al publicar La condesa sangrienta y El infierno musical, las alusiones a la muerte y sobre todo al suicidio se hicieron muy evidentes. Tal es así como en El infierno musical expresó: “(…) triste como sí misma, hermosa como el suicidio, que me sobrevuela como una dinastía de soles”. Luego de una recaída no pudo recomponerse más.

           

            Entre 1971 y 1972 comenzó a frecuentar clínicas y tratamientos para poder lidiar con su terrible depresión. Se pasó el último año de su vida recluida, e inmersa en un mundo de tinieblas.

           

            A mediados de 1972 quedó internada durante cinco meses en el Hospital Psiquiátrico Pirovano de Buenos Aires, pero un fin de semana del mes de septiembre con un permiso de salida, volvió a su casa donde terminó con su ya insostenible vida, tras ingerir una sobredosis de seconal. En su habitación, junto a su cuerpo, Alejandra dejó escrito en un pizarrón: “No quiero ir nada más que hasta el fondo”. Su cuarto estaba repleto libros, lápices de colores, borradores con sus últimos escritos, y de muñecas destartaladas y maquilladas.

           

            Alejandra veía que la poesía era la única capaz de darle razón y sentido a la vida, rigiéndola y configurándola. Por ello al decir “Dediqué mi vida a la poesía y ahora descubro que la poesía no le importa a nadie”, estaba diciendo que su vida ya no tenía sentido.

           

            Luego de su muerte, la familia se ocupó de ocultar sus diarios personales para evitar que se conociera acerca de su homosexualidad y sobre sus fantasías eróticas, sádicas y obscenas. Sin embargo, los diarios ya habían sido editados años anteriores por la poetisa misma, extrayéndole partes que ella decidió no hacer públicas.

 

            Su desaliento por el mundo lírico, su temor a la locura y a la vejez dejaban a la poetisa argentina tendida en el piso de su cuarto, y a merced de ese fondo al que tantas veces intentó llegar. Así fue como el dolor se despedía de su ser, mientras sus tristes ojos se cerraban para siempre. El temor que Alejandra Pizarnik supo convertir en deseo, fue cumplido aquel 25 de septiembre del 72, cuando la fascinante voz de Janis Joplin se fundía en su anhelo, y la acompañaba en aquel nuevo camino de inevitable retorno.


Emilia Risso.

 

 

 

November 26, 2008

Tristán Bauer: una vida de aprendizaje

Filed under: Protagonistas — tallergrafica3 @ 7:10 pm

Recibió premios internacionales y reconocimiento mundial desde su primer largometraje. Ahora como nuevo titular del Sistema Nacional de Medios Públicos, que engloba Canal 7 y las cuarenta emisoras de Radio Nacional, y como director del canal educativo Encuentro, sigue creciendo. Su lugar es detrás de las cámaras pero hoy toma el micrófono y reconstruye su historia…

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Son las 11 de la mañana y sigue llegando gente a trabajar al edificio del Canal Encuentro. El ambiente parece distendido, solo Rubén, el encargado de seguridad, lleva pantalón de vestir.

Por una antigua puerta de madera entra caminando, muy tranquilo, el Director. Su mirada serena y su camisa sin corbata terminan de desacartonar el ambiente. No lo inhibe el grabador, lo maneja él y lo llena con sus palabras.

Dispuesto a charlar, cuenta que tenía 14 años cuando supo que quería dedicar su vida al cine. Después de ver la proyección de Milagros Vidal “sentí que mi vida cambiaba absolutamente, salí con la certeza de que quería construir historia con imágenes”. Pero todavía era muy chico, tenía mucho por aprender.

Luego vino su paso por la Universidad. El recuerdo de aquella época, le trae memorias del dolor de la dictadura. Relata que la vida en ese mundo de sometimiento, de tortura y de espanto le dio esa conexión tan fuerte que siente con la realidad y con la historia: “En la escuela en que yo estudiaba estaba prácticamente prohibido la palabra documental, y como reacción a esa prohibición, opte por ese camino”. Su último gusto se lo da con un documental sobre el Che Guevara, una mirada “hasta ahora desconocida, hasta ahora no revelada” sobre este personaje tan retratado, “su faceta más profunda y su costado de escritor”.

Sus obras más reconocidas son Cortázar e Iluminados por el Fuego. Sobre el rodaje de ésta ultima, Bauer recuerda que con el viaje a las Islas Malvinas sintió una emoción muy fuerte, “casi una conmoción”. Después de unos instantes de silencio, agrega: “Filmar allí fue una de las experiencias dramáticas más intensas que he vivido, y a esta sensación, se sumaba cierta adrenalina en el momento de recrear los campos de batalla”. Sonríe al recordar el manejo de explosiones, de disparos y de cientos de extras que significaron para él un retorno a la niñez, un juego de niños.

“Estoy por cumplir 48 años y es una vida de aprendizaje”. Con una mirada tímida, y a la vez, orgullosa por los resultados, revela: “He sido un hombre que, más que hablar, he escuchado”. Esto le permitió incorporar grandes lecciones que lo impulsaron hasta lo que es hoy en día. Afirma convencido que Ernesto Guevara es un gran maestro para él. “Me ha conmovido su constante búsqueda de progreso y entrega personal y de superación social”, dice emocionado y agrega que ha sido uno de sus grandes enseñanzas de los últimos tiempos.

Además de aprender, por suerte para los amantes del cine, le resulta muy atractivo enseñar y por eso espera volver a hacerlo. Para él es otra manera de formarse y le ayuda a ordenar sus ideas. Pero no solo se dedicó a dar clases en sus años de profesor: la mujer a quien ama y con quien tiene dos hijas era alumna suya. “Siempre ha sido muy pasional… para mi enseñar”, afirma pausadamente.

Trabaja también en televisión, pero declara públicamente que prefiere infinitamente el cine. “Me parece que con el cine podes llegar a niveles de profundidad que con la televisión es imposible”. Su faceta artística no termina ahí, estudió pintura y siempre le gustó mucho dibujar. Lleva al cine de la mano del arte y esto le da un condimento extra a sus obras.

Por otro lado destaca: “La televisión es un enorme despertador de inquietudes”. Cree que la televisión tiene que estar puesta al servicio del hombre, para marcar una mejora en la sociedad. Ve pleno sentido en mostrar facetas de la realidad que generalmente no se muestran, a revalorizar artistas y científicos nacionales y a integrar las nuevas tecnologías en la educación.

Optimista y trabajador. Ama lo que hace y siente “fascinación” de poder hacer lo que quiere. Será por eso que no se toma descanso, “no creo en esa idea de vacaciones, no tengo necesidad de tomarmelas”.

“Al país le debo todo”, afirma. Le han ofrecido tentadoras propuestas para vivir en España, pero reconoce que nuca podría irse. Se siente muy argentino. “Creo que es un lugar extraordinario para la creación y para el desarrollo”.

“Heredamos altos niveles de desigualdad”, pero con poderosa convicción afirma que la realidad se puede cambiar, que la idea contraria es “producto del capitalismo que transforma al ser humano en un consumidor, en un espectador pasivo de la realidad. Si te transformas en un actor dinámico de la realidad, seguro vas a crecer” y seguro… vas a aprender.

¿Un consejo de Tristán Bauer? Voluntad y superación, ser los actores de la propia vida: “Hay que lograr dar un paso mas allá y empezar a crear”.

Teresa Paci

“¿Dónde estaba Dios cuando nos asesinaban?”

Filed under: Protagonistas — tallergrafica3 @ 3:25 am
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Sala Aleksander nació en Polonia en 1922, en la ciudad de Lodz, donde se crió junto a su familia. A los17 años, en 1939, estalló la Segunda Guerra Mundial. Sus dos hermanos y su padre viajaron a la Argentina, para evadir el servicio militar. Sala quedó junto a su madre bajo la esclavitud, la tortura y el dominio de los alemanes.

Vivió en guetos y campos de concentración hasta que fue liberada después de seis años, por los rusos, el 15 de enero de 1945. Mataron a seis millones de judíos, entre ellos a su madre, y sólo se salvaron diez mil.

          Actualmente, Sala tiene 84 años, rehizo su vida, tuvo un marido, tiene dos hijos y tres nietos. Es sobreviviente del holocausto… y una gran luchadora de la vida.

 

¿Dónde vivió antes de que estallara la guerra?

 

En Lodz, la segunda ciudad más grande de Polonia. Allá nos criamos. Ochos meses antes de la tragedia, mi padre y mis hermanos se vinieron a la Argentina. Yo me fui con mi mamá a Chestojova (en Polonia) y estuvimos en la casa de una sobrina de mi madre. Cuando estalló la guerra, los alemanes empezaron a armar guetos y a meter gente en la casa donde nos encontrábamos; entonces fui a vivir a lo de una tía y mamá se fue a la casa donde vivían mis abuelos.

 

¿A dónde la llevaron los alemanes?

 

Lo primero que hicieron fue ponerme una cinta en mi brazo que les permitía identificarme como judía. Luego empezó la selección, a la derecha iban los viejos (para matarlos) y a la izquierda los jóvenes (para trabajar).

Yo tenía 17 años y un alemán me preguntó: – ¿Dónde trabajaste anteriormente?. No supe qué decirle, porque nunca había trabajado, él me reiteró la pregunta una vez más. No contesté y me mandó a la derecha, me iban a matar.

Un policía judío me agarró de la mano y me puso a la izquierda, mientras los demás le gritaban: – ¡Hombre si te descubre te matan a vos y a la chica!

Ahí me quedé, pasé la selección hasta que crearon una fábrica de municiones y me llevaron a trabajar allí.

 

¿Cómo era la “vida” en los campos de concentración?

 

No tenía ni nombre ni apellido, sólo un número pintado en la ropa: 5110.

Tenía que controlar 10.000 balas por día que despachaban a la frontera. Trabajaba de domingo a domingo, una semana de día y otra de noche, de 7.00 a 17.00. Así trabajé en condiciones infrahumanas, éramos esclavos y nos acostumbraron a esa vida.

Nos despertaban a las cinco de la mañana, todos los días, y nos llevaban a una plaza, todos desnudos, con veinte grados bajo cero y nos tenía ahí dos horas solo para vernos sufrir.

Un día llegué un minuto tarde y me llevaron al lugar de castigos, me dieron diez latigazos y estuve un mes trabajado parada porque tenía toda la cola hinchada.

 

¿Dónde dormían y que comían?

 

Dormíamos todas las mujeres jóvenes juntas, sobre unas cañas, en un espacio de cincuenta centímetros para cada una y nos tapábamos con papel. No teníamos pertenencias, y si se podía robar se robaba.

Comíamos pan mezclado con papel para ahorrar. Un día me enfermé de pleura, tuve 42 grados de fiebre, todos los días pasaban los alemanes para ver cómo estaban los enfermos. Los que no mejoraban se los llevaban para matarlos.

 

¿Sabía lo que había pasado con su madre?

 

Sí, sabía que a mi mamá la habían matado. Había momentos en que envidiaba su destino. Estaba cansada de la vida, yo hubiera preferido morir a vivir así.

 

¿Cómo fue la liberación?

 

Me liberaron los rusos el 15 de enero de 1945. Pero ahí empezó otra “guerra”. Hacía 25 grados bajo cero, no teníamos nada, ni a donde ir, y los polacos nos recibieron mal. Dijeron: -¿Cómo es que Hitler no pudo terminar con todos?¿No pudo matar a todos los judíos?

Pasé un año en Polonia, después ochos meses en Alemania y un año en Francia. De allí me fui a Paraguay. No me podía comunicar con mi papá porque no sabía la dirección, pero me acordaba la de mi tío, así que escribí varias cartas hasta que un día recibí respuesta. Mi papá hizo los papeles y pagó para que dejaran entrar judíos a la Argentina. Mi hermano me vino a buscar a Paraguay y entre al país ilegalmente.

 

¿Qué sintió cuando llegó al país?

 

Fue el momento más feliz de mi vida cuando vi a mi padre y a mis hermanos.

 

¿Qué cree que la ayudó a seguir adelante?

 

Yo solo creo en el ser humano, soy atea, no puedo creer en Dios después de lo que pasé. ¿Dónde estaba Dios cuando estos hijos de puta de los alemanes nos asesinaban? ¿Dónde estaba…?

 

 

Denise Aleksander.

“Las palabras son más peligrosas de lo que pensaba”

Filed under: Protagonistas — tallergrafica3 @ 12:00 am

Bajo del colectivo y encaro hacia la calle Montevideo, busco la altura con impaciencia pero a la vez con nerviosismo. Una de esas voces anónimas que muchas veces se descarta, llamó hoy a la redacción, y un dato que pudiera ser pueril por su inconsistencia, llamó mi atención: Alejandra Pizarnik, luego de estar cinco meses enclaustrada en el Hospital Pirovano, se encuentra en su casa solo por el fin de semana. Los rumores fueron varios (intentos de suicidio, depresiones), seguramente todos falsos, pero en ellos recae la intención de mi entrevista. Es una de las voces poéticas más potentes de los últimos años, y  las versiones que la ubicarían como una artista maldita se diluirían en la verdad de su testimonio. Miró mi agenda para confirmar la altura del edificio e involuntariamente me doy cuenta de la fecha,  25 de septiembre, hace cuatro días que comenzó la primavera, y pienso, con el humor negro que me caracteriza, “Tendría que estar prohibido suicidarse en primavera. Alejandra no sería tan obvia.” Sonrío torpemente.

Toco el portero del departamento C del séptimo piso, y espero sin mucha confianza una respuesta. Luego de un par de minutos una voz grave me contesta. Ya en la escaleras (le tengo miedo a los ascensores) ensayo un par de preguntas en mi cabeza, no tenía ningún cuestionario preparado. Debo advertir que solo conozco a Pizarnik por fotos. Me abre la puerta una mujer con un cuerpo diminuto casi de niña, demasiado flaca para ser una mujer adulta. El pelo corto y algunos rasgos endurecidos la muestran con un aire masculino. Esta vestida con un pantalón que le va muy grande y con un pulóver de hilo que se nota está demasiado usado. Tiene los pies descalzos. Me extiende la mano y en los dedos frágiles que trato de no romper, no puedo dejar de notar marcas que parecen dientes. Me hace pasar y sin decir una palabra me señala el sillón. Me siento con la soberbia de haber conseguido algo que muchos buscaban.

 

-¿Quisiera saber en que estás trabajando en este momento?

 

Me mira de forma penetrante, con los ojos extraviados, como si no entendiera la pregunta.

 

-Ya no me dedico más a la escritura, he abandonado todo plan literario. Sé que escribo bien, y eso es todo, las palabras son más peligrosas de lo que pensaba.

 

-Tal vez los últimos libros de prosa que has publicado han desorientado a la crítica.

-Nadie sabe que fue lo que quise decir con La condesa sangrienta… (levanta su pulóver y me muestra algunas heridas que hay en su muñeca) esto lo hago porque estoy aburrida (se ríe), lo hago para jugar.

 

El clima se enrarece, trato de pensar en alguna pregunta que la distienda, pero ella continuo sumida en algún objeto de la casa que no logro visualizar, casi no parpadea.

 

-Has estado alejada del ambiente…

-He estado alejada, pero lamentablemente siempre estoy, soy, ser-estar, esos verbos ya me disgustan, están muy usados ya…

 

Pido permiso para ir al baño, como no encuentro respuesta de su parte me levanto y lo  busco por mi cuenta. En el recorrido solo veo cosas que enturbian la realidad de cualquier persona: muñecas maquilladas en una ronda como espectadoras de algo posible, un pizarrón con  la leyenda “No quiero ir nada más que hasta el fondo.” Entro al baño, me mojo la cara y me sorprendo de la cantidad de frasquitos con pastillas que hay sobre el piso. Me doy cuenta de que no voy a conseguir nada de esa entrevista y allí en entre la blancura, un inodoro y frasquitos de pastillo decido retirarme.

 

 Varias cosas cruzan mis pensamientos: ciertas advertencias, algunas consideraciones morales, fastidio por no conseguir lo anhelado. Prendo un cigarrillo y con corrosiva decisión me digo a mi mismo en el espejo del ascensor “Algunas cosas solo tienen que dejarse llevar hasta el fondo.”

              

                                                                         Pablo Méndez

 

 

November 25, 2008

La poesía y el cuerpo

Filed under: Protagonistas — tallergrafica3 @ 10:41 pm

“He dado el salto de mí al alba.
He dejado mi cuerpo junto a la luz
y he cantado la tristeza de lo que nace.”

A. Pizarnik

(Sur, 1962)

 

 

 

Bajo el nombre de Flora Alejandra Pizarnik Bromiker, nace en Buenos Aires un 29 de Abril de 1936 en Avellaneda, Buenos Aires, una de las poetas que abriría un camino para la mujer en la poesía y la literatura argentina del país. Representa la generación de los 60, como una de las poetas líricas que expresaron las primeras líneas del surrealismo.

         Sus padres eran rusos con ascendencia judía, dedicados al comercio de la joyería, llegan a la Argentina huyendo de la persecución durante el Holocausto. Los apellidos y nombres originales fueron modificados por cuestiones de lenguaje en inmigración.

El destierro, que de suyo es doloroso para todos, resulta providencial. Se sabe que a excepción de un hermano de Elías (padre de Alejandra) radicado en París, y una hermana de Rosa (madre de Alejandra) que habitaba en Avellaneda, el resto de los familiares pereció en el Holocausto, lo que para la niña debió de significar un contacto temprano con los efectos de la muerte, que luego se convertiría en una fijación personal que la acompañaría para siempre” (César Aira).

         Alejandra estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires, luego viaja a París para estudiar Literatura Francesa y trabajó en varios diarios y revistas literarias con traducciones de Artaud y Cesairé y publicando algunos de sus poemas.

Su obra poética la constituyen las siguientes obras: La tierra más ajena (1955), La última inocencia  (1956), Las aventuras perdidas (1958), Árbol de Diana (1962), Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de locura (1968), El infierno musical (1971) y Textos de sombra, publicación póstuma en el año 1982.
         En el año 1972, Alejandra muere a causa de una sobredosis intencional de pastillas de seconal.

 

 

El abrupto final en la vida de Alejandra dejó ciertos huecos, dudas, preguntas. Su escritura parece pretender esbozarnos algunas respuestas. Locura y suicidio son las marcas que recorren la lectura de Alejandra, su muerte se alza en una especie de mito que encierra a su vez la cuestión del género. Todo esto surge cuando la soledad, la melancolía y el aislamiento se manifiestan en la escritura de una mujer, la interpretación lleva a encontrar una especie de prueba del desequilibrio que lleva a la locura o al suicidio y a un cuestionamiento del lugar de la mujer dentro de la sociedad.

 

EL MIEDO

 

En el eco de mis muertes
aún hay miedo.
¿Sabes tu del miedo?
Sé del miedo cuando digo mi nombre.
Es el miedo,
el miedo con sombrero negro
escondiendo ratas en mi sangre,
o el miedo con labios muertos
bebiendo mis deseos.
Sí. En el eco de mis muertes
aún hay miedo.

 

En toda su poesía su identidad está puesta en juego, su persona, su integridad: “Sé del miedo cuando digo mi nombre” escribe Alejandra posicionándose en el lugar tan hondo de la incertidumbre.

Ella misma decía de su escritura: “densa y llena de peligros a causa de su diafanidad excesiva”. Dentro de su obra Alejandra desarrolla relatos, historias de humor, teatro, artículos y ensayos y lo más significativo, que es su poesía. Toda Pizarnick está envuelta en la prosa.

AMANTES

una flor
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío.

 

 El 5 de julio de 1972 Alejandra escribe lo que sería su última carta, a su amiga Ivonne Bordelois:
“Toda yo soy otra…” “Mi Ivoncita, mi cercanita. Por favor no nos pidamos explicaciones acerca del silencio (¿existe el silencio?) (…) te mandaré mi nuevo libro El infierno musical. Y también, si consigo fuerza, algunos poemas recientes cuyo emblema es la negación de los rasgos alejandrinos. En ellos, toda yo soy otra, fuera de ciertos pequeños detalles: el humor, los tormentos, las pruebas suplicantes (…). Ahora sé un poquito más (por eso ya no me siento a la mesa y rumio horas y horas un adjetivo de algún poema). Sé un poquito más, comprendo algo más; y sí, es tan terrible y viviente y vibrante esto que alienta en esto que ahora soy. No sé en qué me he convertido… Que desmemoria no te guíe”.

En estas líneas dedicadas a su amiga, ya deja ver su marca de desgano, de angustia. Pero lo más interesante es que pone a la literatura, su literatura en el lugar de lo vital, en el lugar de construcción de una existencia que la completa. Eso habla de la línea poética de Pizarnick, en donde la poesía dice mucho acerca de  quien la escribe. Alejandra construye un mundo paralelo, una atmósfera donde habitan sus otros yo. La agitación es continua, los versos vibran, es el traslado de su movimiento interior a la poesía que nos deja. (..) “oquedades movedizas como las palabras que escribo”. (POEMA PARA EL PADRE)

COLD IN HAND BLUES

y qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo
y qué es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué
tengo miedo

Sus versos lo dicen, ella se ocultará en el lenguaje. Este miedo recurrente queda explícito, plasmado en sus palabras.

 11
ahora
           en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada.

17
Días en que una palabra lejana se apodera de mí. Voy por esos días
sonámbula y transparente. La hermosa autómata se canta, se encanta,
se cuenta casos y cosas: nido de hilos rígidos donde me danzo y me
lloro en mis numerosos funerales. (Ella es su espejo incendiado, su
espera en hogueras frías, su elemento místico, su fornicación de nom-
bres creciendo solos en la noche pálida.)

(EL ARBOL DE DIANA)

Otra vez el juego de ir y venir entre un yo que es y un yo que fue, entre un yo que está y uno que ya no vuelve. A través de la dulce metáfora crea espacios nuevos, Alejandra navega sus miedos y los desata en palabras. La poesía de Alejandra Pizarnik es una poesía con nombre, es poesía de mujer que destapa su energía y la riega.

 

HIJA DEL VIENTO

Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencias,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.

Tú lloras debajo del llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.

         Alejandra muere decidiendo ser una hija más del viento, dejando su obra entera llena de voz, de fuerza, de presencia. Pizarnick es tierra para la poesía que funda un nuevo aire transparencia.

Natalia Romero.

November 23, 2008

“No existe verdadero hombre sin verdadera identidad”

Filed under: Protagonistas — tallergrafica3 @ 10:07 pm
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•A 32 años del Golpe de Estado de 1976, Horacio Pietragalla Corti, nos cuenta el descubrimiento que hace cinco años le cambió la vida para siempre: es hijo de desaparecidos y fue secuestrado cuando era un bebé.

Por Débora Simon

Era un 4 de abril y hacía 15 días que esperaba la noticia de su vida; le costaba dormir, su cabeza no paraba de pensar, de imaginar, de fantasear…por fin suena el teléfono. Cesar atiende y una voz se lo confirma: es hijo de desaparecidos. Cierra los ojos. Miles de pensamientos y emociones lo invaden. En un instante su pasado y su presente se esfumaron, y su nombre pasó al olvido, para ser de ahora en más Horacio Pietragalla Corti.

Horacio nació el 11 de marzo de 1976. Su papá, Horacio Pietragalla, fue asesinado en Córdoba en 1975. A partir de ese día su mamá, Liliana Corti, pasó a la clandestinidad, se mudó de barrio y cambió de nombre. A cinco meses del nacimiento de su hijo la mataron en un operativo efectuado en la casa en que vivían en Villa Adelina el 5 de agosto de 1976.

Horacio estaba en ese lugar y fue secuestrado por los militares.

Fue entregado a la familia que lo crió por el represor Hernán Tetzlaff, quien se apropió de otra hija de desaparecidos, Hilda Victoria Montenegro. “Mi madre del corazón, una mujer que trabajaba como empleada de un teniente coronel, se interesó por mí ya que yo estaba destinado a una pareja, familiar de este sujeto, la cual, arrepentida, dejó atrás tal encargo”

“A partir de la adolescencia empecé a tener dudas. Empecé a tener esa fantasía desde chico intuía que no encajaba en su familia. “Dentro mío había un presentimiento extraño que fue creciendo junto a mí. Siempre busqué un parecido físico con alguien debido a que tengo rasgos y cualidades muy distintas a ellos, nunca encontré una respuesta convincente, aumentando más mi presentimiento”, aseguró. Desde hace mucho tiempo la duda para él no era si era adoptado o no, sino si era o no hijo de desaparecidos.

La cercanía de Tetzlaff, que vivió desde siempre en su mismo edificio, acrecentó sus sospechas. El represor, fue condenado a ocho años de prisión por la apropiación de Montenegro.

-¿Qué era lo que te hacia dudar?

Dudaba porque físicamente no me parecía en nada a mi familia de crianza y porque socialmente me sentía muy distinto.

Sin embargo, lo que más llamaba su atención era la relación de su familia con el militar al que su madre le limpiaba la casa, que además era su padrino. “De chico me preguntaba por qué si teníamos tanta familia, el jefe de mi madre de crianza tenía que ser mi padrino. Era raro”.

Horacio relata su historia con mucha emoción y contagia sus sentimientos; se lo ve muy seguro, con mucha energía. Su casa esta llena de fotos y cuadros en blanco y negro, en la cual se pueden ver a sus padres biológicos.

A los 18 años Horacio se enteró de que la hija de su padrino –el militar- era apropiada. “En ese momento empecé a sospechar más todavía, pero lo que me frenaba era pensar‘¿cómo un militar le va a regalar un bebé a la mujer que limpia´?” confiesa.

Fue en el año 2001 cuando se destapa la verdad. El se estaba por ir a vivir a Brasil con quien hasta el momento era su novia, Magali. “La mujer que me crió vio que yo estaba tan decidido a irme que le dijo a mi novia algo así como que el día que se muera nos íbamos a enterar de una noticia muy fuerte”. Al confirmar que había una verdad oculta, Horacio entró en un dilema: ¿se iba con la duda o se quedaba y averiguaba cuál era el secreto que por tanto tiempo le habían ocultado?

El Gran Día

El primer paso fue ir a una reunión en la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) y presentar un certificado de Nacimiento. Allí contó quién era su padrino, cuál era su familia de crianza y planteó todas las dudas que tenía. “Al mes me llamaron para tener una entrevista con la abogada de Abuelas y ella me contó que había muchas denuncias anónimas de mi caso”

El paso a seguir entonces era hacerse un análisis de ADN.

-¿Qué sentiste ese día?Fue un flash porque yo fui con una fantasía y de pronto me encontré con que Abuelas tenía denuncias y sospechaban que yo era hijo de desaparecidos. “No estaba tan loco”, me dije. Y empecé a hacer las cosas lo más rápido posible para saber quién era.

Mientras él hacía esos trámites, su novia vio una foto en la web de Abuelas de Plaza de Mayo (www.abuelas.org.ar). “Es esa que está ahí. Soy yo con mi mamá” -señala Horacio uno de los cuadros en blanco y negro en donde se ve a una mujer con un bebé en brazos- “Esa era mi mamá (…) cuando vi la foto por primera vez note un parecido enorme. No la podía dejar de ver. Me di cuenta de que era la primera vez que veía a alguien parecido a mi en tantos años y eso fue muy fuerte”

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Efectivamente la mujer de la foto, era su mamá.

El 11 de marzo de 2002 Horacio se enteró de que era hijo de desaparecidos. Tampoco sabía, pero era su cumpleaños.

“El día que confirmé que mis padres eran desaparecidos y asesinados por la Triple A y la última dictadura militar que nos tocó sufrir a todos los argentinos, no fue tan sorprendente para mí, ya que el tiempo, el destino y el presentimiento me fueron preparando para esta noticia”, afirmó el joven.

“Yo recuperé mi identidad un 4 de abril. Ese mismo día llamé a Abuelas y grite por el tubo: “Soy Horacio Pietragalla Corti y voy para allá”, fue lo que dijo cuando llamó a Abuelas apenas supo los resultados de sus análisis de ADN.” y agrega “no me gusta que me digan Cesar, que era mi nombre anterior. Me enorgullece poder llevar el nombre de mi viejo, que desapareció cuando mamá estaba embarazada, que se llamaba Horacio.

De a poco va contando su historia y la emoción y el orgullo invaden el relato constantemente. El hecho de sentirse parecido a alguien, incluso hoy en día le sigue generando sensaciones que dice no poder explicar con palabras.

“Para quienes habían sido compañeros de mi papá y conocían a mi mamá fue un flash ver después de tantos años, un joven con el cuerpo del desaparecido Horacio y la cara de Liliana. Quedaban todos muy sorprendidos. Y es al día de hoy que me siguen diciendo: “movés los brazos como tu papá”

Investigar y buscar la verdad implica también que se inicie un proceso judicial en el que los padres de crianza se vean afectados. Las familias que se apropiaron de los hijos de desaparecidos cometieron delitos como falsificación de documentos, y ocultar a un menor de diez años. Horacio tuvo que tomar una decisión en donde corrían riesgo sus padres de crianza. Cuenta que sentía culpa pero también pensaba que había una familia esperándolo. Sus padres adoptivos fueron detenidos, y liberados a las dos semanas. Igualmente, Horacio se distanció de ellos. “Con el tiempo me fui dando cuenta de su error y de cuán defraudado me sentía. Yo siempre fui sincero, y ellos no. Cambió la relación. Puedo ir y hablar, pero si pienso en mi mamá y en mi papá pienso en Liliana y en Horacio”

Indudablemente ocurrió una tragedia. Nuestra historia delata un período terrible en el que muchos chicos como Horacio fueron apropiados por los militares y entregados a otras familias. Chicos que vivieron sus infancias entre juguetes y mentiras y que más tarde fueron adolescentes quienes entremezclaban la rebeldía con las dudas. Ahora son adultos, y tienen alrededor de 30 años. Son más de 400 los que todavía viven en la mentira.

“Hace dos años soy otra persona. Me siento mucho más seguro. El hecho de saber la verdad y haber cerrado un montón de preguntas inconclusas se refleja en mi personalidad. A la vez siento que volví a la adolescencia, a tener que volver a armar todo, a decidir nuevamente qué voy a hacer en mi futuro”

Hoy es felicidad y seguridad, atrás quedaron las dudas, la culpa y las mentiras. Horacio afirma que en el futuro se ve formando una familia contándole orgulloso a sus hijos quiénes fueron sus abuelos y asegurándose de que no habrá más engaños en las próximas generaciones.

“Lo hago por el pibe que pueda estar leyendo, que es un pibe grande, como yo. Le digo que no lo dude, esto se siente adentro”.

Horacio cuenta su historia, cree que es la mejor manera que tiene hoy de ayudar, y quién sabe tal vez alguno de esos 400 chicos, esté leyendo hoy esta nota…


*”El primer hijo de aparecidos” Tres meses después de encontrar su identidad, Horacio encontró los restos de sus padres. A su papá lo hallaron en una excavación en Córdoba y los restos de su madre estaban identificados. Este es el primer caso en que un hijo de desaparecidos puede enterrar los restos de su madre y de su padre.

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