Tallergrafica3’s Blog

November 27, 2008

Glorieta arrabalera

Filed under: Calle y cultura — tallergrafica3 @ 6:41 am

Domingo de primavera a las ocho y media de la noche, los faroles de la plaza en Barrancas de Belgrano se encienden para alumbrar un escenario único donde los bailarines de tango se reúnen, en la famosa Glorieta. La milonga estalla por su concurrencia, hay escaso lugar para movilizarse en la pista, apenas existen unos centímetros entre las parejas danzantes. “Está repleto de gente. Me chocaban todos, ¿viste?”, le dice una joven a otra que descansaba a un costado, apoyada en la baranda de madera.

Y los demás siguen bailando ignorando el reducido espacio. Existe un clima de fiesta, donde todos los invitados se reúnen y comparten la misma pasión: el tango. Aquél que pueda coordinar los pasos básicos al compás de la música puede expresarse a través del baile, con quien más le guste.

Los tacos altos son los protagonistas de la pista. Y por más altos que sean, se baila en puntas de pie. Se observan algunas alpargatas y zapatillas que desentonan en el cuadro, aunque las mujeres bailan en relevé, como si estuvieran paradas sobre unos tacos imaginarios. La tentación para sumarse al baile, es mucho más fuerte. Un desfile de zapatos de distintos colores y diseños deleitan a la mirada de los espectadores que se ubican alrededor.

Desde jóvenes parejas hasta las más experimentadas se combinan en un ambiente único y especial. Los turistas, en su mayoría extranjeros, son un número muy abundante. Muchos de ellos vienen

Se percibe un ámbito multicultural. Un grupo de turistas orientales observan con fascinación desde cierta distancia y sacan fotos con sus cámaras de última tecnología.

La mayoría se conoce y se saluda. “-¿Cómo andas tanto tiempo? –Bien, taconeando un poco… y transpirando como un perro”, le dice un hombre entrado en canas a otro de anteojos.
Sobre la escalera de mármol blanco, un joven y tres chicas comienzan con el ritual para entrar a la pista; se quitan sus zapatillas para calzarse los zapatos.

El caluroso clima ayuda a que aparezcan en escena otros visitantes de la plaza. Una cucaracha de tamaño considerable se dirige a la pista de baile. Una trampa mortal. La desafortunada, vive sus últimos momentos entre los cientos de zapatos que realizan firuletes y la esquivan casualmente.

“Hace doce años que vengo”, comenta Vera con tono orgulloso, una mujer de 57 años, quien estudió en la universidad del Tango. Se mantiene en excelente estado físico, prolijamente vestida con un saquito plateado caladito y pollera negra con bolados. Ella explica su encanto por la Glorieta. “Es único, creo que no hay en el mundo otro lugar abierto así donde se baile”. Esto es una de las causas por las que los turistas asisten al lugar, donde la milonga es al aire libre, y aunque el espacio físico cuenta con un techo, las actividades se suspenden en caso de lluvia. “Esto está tanto en invierno como en verano”, dice Vera. La milonga no se toma vacaciones.

El mantenimiento se hace a través del sistema “a la gorra”, el cual cada uno aporta con una contribución monetaria. Esta misma regla funciona para las clases y prácticas que se realizan antes de la milonga. Es un espacio público donde todos pueden asistir y sentirse cómodos.

Aquí se formaron gran cantidad de parejas, surgieron también grandes amistades. Y la historia amorosa de Vera justamente tuvo su inicio en la Glorieta. “Acá nos conocimos con mi esposo. Falleció hace tres años, por culpa del cigarrillo. Y yo sigo viniendo”. Sus ojos verdes brillan y expresan cierta melancolía.

Con los años que lleva asistiendo a la Glorieta, Vera ya conoce las intenciones de cada uno, “este es un lancero”, me advierte con una sonrisa luego de que un señor cincuentón me entregue su tarjeta personal en donde se lee debajo de su nombre: “tango salón, acompañamiento a milonga, clases” con su respectivo mail y teléfono.

Las expresiones de los rostros muestran diversos sentimientos. Unos bailan con los ojos cerrados, con las cejas levantadas, con una leve sonrisa dibujada, otros con el seño fruncido mostrando una pasión desenfrenada al dejarse llevar al compás del 2 x 4. Aquí los sentimientos se muestran a través de la interpretación de cada uno. Cada pareja posee su propio estilo, cada una es única. Los sentidos se encuentran a flor de piel y el constante ejercicio del ojeo está presente en todo momento.

Dentro de los códigos de la milonga, cuando un hombre invita a bailar a una mujer, si ella acepta, “la tanda” debe respetarse. Es decir que se bailan cuatro tangos. “Sino, quedas mal vos y lo haces quedar mal a él también”, explica Vera.

Débora, una chica treintañera, recuerda una de las primeras experiencias en la milonga, una vez bailó un sólo tango con un hombre pero ni bien terminó, huyó despavorida de su lado porque “ya no podía aguantar el olor a transpiración que él tenía”. Fue después de ese momento que aprendió lo que era el respetar a la tanda, cuando unos amigos le dijeron “¡¿Qué hiciste!?, no lo podes dejar así” y le explicaron el porqué. Entre risas ella comenta: “una de las peores cosas que te puede pasar en una milonga es que no te saquen a bailar. Y ahí si preocupate”.

“El tango es una inversión”, afirma Débora, refiriéndose a todas las satisfacciones que le dio su práctica además de la gente que conoció y los amigos que hizo en las clases y milongas.

Por Patricia Despuys

 

 

 Ubicada en 11 de Septiembre entre Sucre y Echeverría, Belgrano.

Acerca del nombre: La Glorieta se denomina Antonio Malvagni en honor al músico italiano que creo la Banda Municipal de Buenos Aires en 1910.

Disfrutando del tango por la tarde en Barrancas de Belgrano…

 

 

Milonga en la noche…

 

 

 

 

Animate a tomar clases, enseñan con toda la onda… recomiendo lunes a las 19 hs, luego practica hasta las 22 y miercoles 18.30 hs y luego practica hasta las 22. O simplemente para ir a ver… los viernes, sabados y domingos la milonga por la noche.

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November 22, 2008

Julieta, una artista de la vida

Filed under: Calle y cultura — tallergrafica3 @ 5:34 pm

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Leandro Camiser

“Bueno amigos además de amar el arte y la música, necesito de su ayuda para poder mantener a mi familia y a mis estudios, pero principalmente a mi familia” decía con una calida voz Julieta el pasado lunes a las 5 de la tarde en uno de los vagones del subte de la línea b.

Ella tiene 26 años y está cursando el tercer año de la Carrera de Abogacía en la U.B.A. Su vida es un tanto complicada puesto a que tres años atrás su madre tuvo un accidente y no pudo volver a trabajar. Por otro lado tiene un hija de siente años llamada Luz, y sumado a que ella no tiene un trabajo estable, no le queda otra alternativa que la de salir a tocar su pequeño violín todos los lunes y jueves en el subte de la línea “b”.

Se la notaba cansada y un poco acelerada pero de todas maneras intentaba poner lo mejor de sí, demostraba simpatía y ganas de que la gente pueda disfrutar de su música.

-¿Cómo es tocar en el subte?

-Y es complicado, el ruido del subte es mi gran obstáculo ya que me tengo que esmerar mucho para que suene fuerte y la gente puede apreciar lo que hago. Quiero que disfruten de mis melodías además de que si me puedan ayudar, es muy importante para mí.

-¿Cómo haces para captar la atención de los pasajeros?

No es nada fácil, yo se que después de haber estado trabajando todo el día la gente está cansada, en su mundo y no quiere ser molestada, pero yo intento caerles bien, transmitirles algo, ser simpática, pegar buena onda, charlar, que entiendan que yo estoy acá por necesidad además.

-¿A que edad empezaste a tocar el violín?

-Empecé a los nueve años y a partir de allí nunca más de despegue de mi instrumento, es genial, podría estar horas tocándolo, pero…

¿Pero qué?

-Es muy difícil lo que estoy viviendo, y no tengo tiempo para tocar. Tengo que cuidar a mi madre, a mi hija y estoy estudiando también, así que en definitiva toco en el subte porque es lo único y lo que mejor sé hacer, es mi único ingreso para poder mantener a mi familiar.

¿Tenés algún sueño?

-Claro que sí. Que mi mamá se mejore, que mi hija pueda tener una buena vida, que estemos mejor económicamente. No te voy a mentir, por otro lado a veces cuando estoy tocando cierro los ojos e imagino estar en un gran teatro. El vagón vendría a ser mi escenario y los asientos, las butacas de la gente que pagó su entrada para ver y escucharme.

Leandro Camiser

Calle y cultura.

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