Tallergrafica3’s Blog

November 25, 2008

La poesía y el cuerpo

Filed under: Protagonistas — tallergrafica3 @ 10:41 pm

“He dado el salto de mí al alba.
He dejado mi cuerpo junto a la luz
y he cantado la tristeza de lo que nace.”

A. Pizarnik

(Sur, 1962)

 

 

 

Bajo el nombre de Flora Alejandra Pizarnik Bromiker, nace en Buenos Aires un 29 de Abril de 1936 en Avellaneda, Buenos Aires, una de las poetas que abriría un camino para la mujer en la poesía y la literatura argentina del país. Representa la generación de los 60, como una de las poetas líricas que expresaron las primeras líneas del surrealismo.

         Sus padres eran rusos con ascendencia judía, dedicados al comercio de la joyería, llegan a la Argentina huyendo de la persecución durante el Holocausto. Los apellidos y nombres originales fueron modificados por cuestiones de lenguaje en inmigración.

El destierro, que de suyo es doloroso para todos, resulta providencial. Se sabe que a excepción de un hermano de Elías (padre de Alejandra) radicado en París, y una hermana de Rosa (madre de Alejandra) que habitaba en Avellaneda, el resto de los familiares pereció en el Holocausto, lo que para la niña debió de significar un contacto temprano con los efectos de la muerte, que luego se convertiría en una fijación personal que la acompañaría para siempre” (César Aira).

         Alejandra estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires, luego viaja a París para estudiar Literatura Francesa y trabajó en varios diarios y revistas literarias con traducciones de Artaud y Cesairé y publicando algunos de sus poemas.

Su obra poética la constituyen las siguientes obras: La tierra más ajena (1955), La última inocencia  (1956), Las aventuras perdidas (1958), Árbol de Diana (1962), Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de locura (1968), El infierno musical (1971) y Textos de sombra, publicación póstuma en el año 1982.
         En el año 1972, Alejandra muere a causa de una sobredosis intencional de pastillas de seconal.

 

 

El abrupto final en la vida de Alejandra dejó ciertos huecos, dudas, preguntas. Su escritura parece pretender esbozarnos algunas respuestas. Locura y suicidio son las marcas que recorren la lectura de Alejandra, su muerte se alza en una especie de mito que encierra a su vez la cuestión del género. Todo esto surge cuando la soledad, la melancolía y el aislamiento se manifiestan en la escritura de una mujer, la interpretación lleva a encontrar una especie de prueba del desequilibrio que lleva a la locura o al suicidio y a un cuestionamiento del lugar de la mujer dentro de la sociedad.

 

EL MIEDO

 

En el eco de mis muertes
aún hay miedo.
¿Sabes tu del miedo?
Sé del miedo cuando digo mi nombre.
Es el miedo,
el miedo con sombrero negro
escondiendo ratas en mi sangre,
o el miedo con labios muertos
bebiendo mis deseos.
Sí. En el eco de mis muertes
aún hay miedo.

 

En toda su poesía su identidad está puesta en juego, su persona, su integridad: “Sé del miedo cuando digo mi nombre” escribe Alejandra posicionándose en el lugar tan hondo de la incertidumbre.

Ella misma decía de su escritura: “densa y llena de peligros a causa de su diafanidad excesiva”. Dentro de su obra Alejandra desarrolla relatos, historias de humor, teatro, artículos y ensayos y lo más significativo, que es su poesía. Toda Pizarnick está envuelta en la prosa.

AMANTES

una flor
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío.

 

 El 5 de julio de 1972 Alejandra escribe lo que sería su última carta, a su amiga Ivonne Bordelois:
“Toda yo soy otra…” “Mi Ivoncita, mi cercanita. Por favor no nos pidamos explicaciones acerca del silencio (¿existe el silencio?) (…) te mandaré mi nuevo libro El infierno musical. Y también, si consigo fuerza, algunos poemas recientes cuyo emblema es la negación de los rasgos alejandrinos. En ellos, toda yo soy otra, fuera de ciertos pequeños detalles: el humor, los tormentos, las pruebas suplicantes (…). Ahora sé un poquito más (por eso ya no me siento a la mesa y rumio horas y horas un adjetivo de algún poema). Sé un poquito más, comprendo algo más; y sí, es tan terrible y viviente y vibrante esto que alienta en esto que ahora soy. No sé en qué me he convertido… Que desmemoria no te guíe”.

En estas líneas dedicadas a su amiga, ya deja ver su marca de desgano, de angustia. Pero lo más interesante es que pone a la literatura, su literatura en el lugar de lo vital, en el lugar de construcción de una existencia que la completa. Eso habla de la línea poética de Pizarnick, en donde la poesía dice mucho acerca de  quien la escribe. Alejandra construye un mundo paralelo, una atmósfera donde habitan sus otros yo. La agitación es continua, los versos vibran, es el traslado de su movimiento interior a la poesía que nos deja. (..) “oquedades movedizas como las palabras que escribo”. (POEMA PARA EL PADRE)

COLD IN HAND BLUES

y qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo
y qué es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué
tengo miedo

Sus versos lo dicen, ella se ocultará en el lenguaje. Este miedo recurrente queda explícito, plasmado en sus palabras.

 11
ahora
           en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada.

17
Días en que una palabra lejana se apodera de mí. Voy por esos días
sonámbula y transparente. La hermosa autómata se canta, se encanta,
se cuenta casos y cosas: nido de hilos rígidos donde me danzo y me
lloro en mis numerosos funerales. (Ella es su espejo incendiado, su
espera en hogueras frías, su elemento místico, su fornicación de nom-
bres creciendo solos en la noche pálida.)

(EL ARBOL DE DIANA)

Otra vez el juego de ir y venir entre un yo que es y un yo que fue, entre un yo que está y uno que ya no vuelve. A través de la dulce metáfora crea espacios nuevos, Alejandra navega sus miedos y los desata en palabras. La poesía de Alejandra Pizarnik es una poesía con nombre, es poesía de mujer que destapa su energía y la riega.

 

HIJA DEL VIENTO

Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencias,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.

Tú lloras debajo del llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.

         Alejandra muere decidiendo ser una hija más del viento, dejando su obra entera llena de voz, de fuerza, de presencia. Pizarnick es tierra para la poesía que funda un nuevo aire transparencia.

Natalia Romero.

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